A la peluquería llegó Julián...
Pues como les decía en el post anterior, el calor ya está instenso y yo, que siempre fui, digamos... un tanto calvo, ahora ya lucía una melena que, sin llegar a ser mata, pues por lo menos el viento sí despeinaba; y no sólo el viento, también la almohada, la silla, mis papás y claro, yo solito.
Para no correr el riesgo de parecer un joven hippie o, en el peor de los casos, un vil grupero, mis papás me llevaron a sacar punta, o sea, a cortarme el pelo.
Para no correr el riesgo de parecer un joven hippie o, en el peor de los casos, un vil grupero, mis papás me llevaron a sacar punta, o sea, a cortarme el pelo.



