Además de visitar el kiosco morisco, descubrí otra maravilla: ¡los carros que con una fichita se mueven padrísimo!
Me subí siete veces y no fue suficiente, ¡lloré como Magdalena porque mis papás no quisieron dejarme ahí subido todo el día!
1 comentario:
Anónimo
dijo...
siete????? no se te hace poco julian, oye no! porque tan poquito dile a tus papas que no sean amarrados que te dejen mas vueltas, pues que caray, es mas toma clases de berinches con tus cuates para que funcione o no!
1 comentario:
siete????? no se te hace poco julian, oye no! porque tan poquito dile a tus papas que no sean amarrados que te dejen mas vueltas, pues que caray, es mas toma clases de berinches con tus cuates para que funcione o no!
Publicar un comentario